BIENVENIDA


MANUEL LEONEL PEREIRA QUINTEIRO
"AL SABIO LE BASTA CON ESCAPAR"
Louis Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche



AL AZOGADO ETERNO
AL ESCRITOR INSOLADO,
A MI QUERIDO MAESTRO Y AMIGO
MANUEL PEREIRA
CON GRAN ADMIRACIÓN,
DE QUIEN HE APRENDIDO
HUMILDAD, DIGNIDAD Y LITERATURA.
G.M.B.




MI VIDA EN FOTOS


“El barrio
cuanto más aporriao,

más necesidad de ser guapo”

J.L.Borges, Hombre de la esquina rosada






Con los mataperros de su barrio. Pereira viste de pelotero
con la letra H. Habana Vieja 1951.



Manuel Pereira (a la derecha) con dos amigos mataperros.
La Habana Vieja, 1954.


La Habana, 1957


LOS MATAPERROS
En las pocetas del malecón Habanero, con los mataperros.
Manuel Pereira al centro sacando pecho y enseñando costillas.



Con otros alfabetizadores en el campamento de Varadero.
Manuel Pereira es el más pequeño, a su lado está su padre.
Provincia de Matanzas, Cuba, principios de 1961.


Manuel Pereira, "El comandante veneno"
es recibido por sus padres al regreso de la
alfabetización. La Habana, Diciembre 1961.


















En el club Johnny's Dream, La Habana, Diciembre de 1963. Con un mataperros mayor apodado El Cojo. Pereira viste el abrigo de astracán de su personaje El Ruso, en su novela homónima.


Pereira termina su primera escultura, Escuela de Bellas Artes San Alejandro,
La Habana, 1968.


Con Lezama Lima, La Habana, 1970.


Pereira cortando caña, zafra azucarera de los Diez Millones.

Cuba, 1970.


Con sus compañeros periodistas de la revista Cuba Internacional.
Pereira es el segundo de izquierda a derecha. Camagüey, 1973.



Con su abuela gallega, personaje de muchas de sus obras.
La Habana Vieja, 1974.



Presentación de su primera novela El Comandante Veneno.
Habana 24 de Diciembre 1977.



El pintor cubano Wifredo Lam y Manuel Pereira. París, 1978.




















Manuel Pereira con el filósofo y escritor francés Regis Debray.
La Habana, 1978.



En París, escenario de su novela Toilette, 1978.


Alejo Carpentier y el joven Manuel Pereira.
París, Abril 1979.


Manuel Pereira y su amigo Julio Cortázar. La Habana, 1980.




















Pereira con Indira Gandhi, Nueva Delhi, 16 enero 1981.


Pereira y el Gabo. La Habana, 1982.


En Madrid, durante la presentación
de su novela
El Ruso, publicada por
Alfaguara, 24 de mayo de 1982
.


En su buhardilla de París, mientras
escribía los ensayos de
La quinta nave de los locos. 1987.


Pereira asomado en lo que quedó del muro de Berlín.
Salida definitiva de Cuba, Enero de 1991.



Eliseo Alberto (Lichi) presentando la novela Insolación
en México, D.F. 23 de marzo de 2006.



En su casa, durante la entrevista realizada por
Gabriel Martínez. México, D.F. 6 de abril de 2008.

FICHA DE AUTOR




Empieza el exilio, Barcelona,1991.

El novelista, traductor, crítico literario, de cine y de arte, periodista, ensayista, guionista cinematográfico nació el 31 de Octubre de 1948 en La Habana, Cuba. De joven se relacionó con grandes figuras literarias de la época, tales como: José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez. Después de estudiar Artes Plásticas en la Academia de San Alejandro, empezó a ejercer como periodista a partir de 1968 en diversas publicaciones cubanas y extranjeras. Mientras cursaba la carrera ganó tres veces seguidas el Premio Nacional Universitario en las categorías de crónica, reportaje y entrevista. Asimismo, entre 1968 y 1978 trabajó y colaboró en diversas revistas como Cuba Internacional, El Caimán Barbudo, Bohemia, Revolución y Cultura, Casa de las Américas. En 1978 se graduó como licenciado en la carrera de Periodismo por la Universidad de La Habana, colaborando posteriormente en diversas publicaciones españolas (ABC, El País, El Mundo, Babelia, Quimera) y mexicanas, como Día Siete, suplemento dominical de El Universal. Vivió tres procesos históricos y culturales que fueron marcando su vida y literatura. Uno de ellos fue la Revolución cubana, proceso en el que fue derrocado el dictador Fulgencio Batista y se instaura el gobierno liderado por Fidel Castro y el comandante “Che” Guevara. Pereira se basa en este proceso revolucionario que vive la isla para escribir su primera novela llamada El Comandante Veneno (terminada en 1974, publicada en 1977 y reeditada en 1979), tratando el tema de la alfabetización en las montañas de la Sierra Maestra. Esta obra hizo decir a Gabriel García Márquez: "Esta es la novela que me hubiera gustado escribir sobre Cuba".
En el transcurso del régimen castrista hubo una censura literaria abrumadora para muchos escritores pero que a otros hizo ser más audaces con sus obras. Como lo afirma Pereira en una entrevista:

"La censura puede producir dos tipos de literatura. Una muy mala, que es una literatura que sientes que está como frenada. Te das cuenta de que el autor pudo haber dicho más y no lo dijo porque está con la censura y autocensura encima. Ahora bien, la censura también suele producir, a veces, ciertos escritores de un alto nivel estilístico. Pienso en Lezama Lima o en Borges. De modo que la censura también puede generar una literatura de gran calidad, porque evitando los temas escabrosos empiezas a crear una serie de metáforas y de pronto das con un Góngora o con Borges. Así que a algunos autores la censura los mata en vida, los empobrece y los convierte en unos mediocres; pero a otros los convierte en gigantes" (Antonio).
Retomando lo anterior, el segundo proceso que afectó su escritura fue la Revolución sandinista en Nicaragua; situación en la que se inspiró para escribir su obra Cro-Nicas desde Nicaragua (1981). Como tercero y último, el famoso boom latinoamericano; del que participaron, entre otros, García Márquez, Cortázar, Fuentes, Carpentier y Lezama Lima. En la presentación en España de su segunda novela El Ruso (1982), Pereira no olvida reconocer "la herencia de Lezama Lima -con quien aprendí tanto en su casa, de sillón a sillón- y de Carpentier" (Pereda).


En la primera mitad de los años ochenta se desempeñó como guionista cinematográfico en el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica), y como Jefe de Redacción -y más tarde Subdirector- de la revista especializada Cine Cubano. Hacia 1983, escribió el guión del documental Habana Vieja, galardonado con un premio en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Entre 1984 y 1988 fue agregado cultural ante la UNESCO en París. En éstos mismos años trabajó como Conferencista sobre literatura, arte, cine, y cultura en general, en Universidades y otros centros culturales de América Latina, Europa Occidental, en la India y en los países del antiguo bloque socialista de Europa del Este. Ha disertado en las universidades alemanas de Heidelberg, Bremen, Hamburgo, Kassel, Mannheim, Berlín, Munster, Dortmund y Bonn, entre otras. También ha impartido conferencias en altos centros de estudios de Francia: universidades de Orleans, Poitiers y Burdeos, así como en la Casa de la América Latina, de París. Además ha dictado conferencias en la Universidad de Venecia, en la de Urbino, en centros culturales de Amberes y Bruselas, así como en la Universidad de Nueva Delhi, en la India, en 1981.

En 1988 publicó su libro de ensayos: La quinta nave de los locos. Tras renunciar al cargo de la UNESCO en 1988, regresó a La Habana donde pasó dos años de ostracismo interior. Salió definitivamente de Cuba rumbo a Berlín, en enero de 1991. Se estableció en España, obteniendo la nacionalidad tiempo después. Residió ahí 13 años. En 1993 fue Jefe de Redacción de la revista literaria Quimera, de Barcelona. En ese mismo año la editorial Anagrama, de Barcelona, publicó su novela Toilette. Durante todo ese tiempo trabajó como traductor de inglés y de francés para diversas editoriales, y a veces como periodista freelance. También impartió diversos cursos y talleres literarios.
En julio de 1992 participó impartiendo una conferencia magistral sobre literatura española y latinoamericana en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, en El Escorial.



Su última novela publicada es Insolación (Ed. Diana, México, 2006). En el año 2006 recibió el Premio Internacional “Cortes de Cádiz”por su libro de cuentos Mataperros, publicado por la editorial Algaida, de Sevilla. Sobre esta última obra, el crítico de El Nuevo Herald, Andrés Reynaldo, escribió: "La Habana Vieja es el tópico principal de la literatura del período castrista; Manuel Pereira es considerado actualmente como uno de los fundadores de ese canon. Su narrativa ofrece una memoria de la desintegración urbana y humana bajo el régimen revolucionario [...] Su libro es el exponente de una voluntad de hacer saber lo que cada habitante de La Habana Vieja sabe de manera implícita o explícita: esas calles trazadas según la castramentación romana, esos edificios apuntalados por un feroz aliento de brea y sal, constituyeron el reducto de una civilización en miniatura, con sus códigos, sus leyendas y su lengua […]Una civilización que, por su inclasificable diversidad, estaba condenada a perecer bajo la dictadura”(Reynaldo).

Desde noviembre de 2004 vive en la Ciudad de México, donde trabaja como profesor de Literatura y de Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana.



Eliseo Alberto (Lichi) presentando la novela Insolación en México, D.F. 23 de marzo de 2006.




OBRAS PRIMARIAS

LIBROS

NUEVO LIBRO DE ENSAYOS
-Biografía de un desayuno. México, D.F: Miguel Ángel Porrúa, 2008.




Novelas

-El Comandante Veneno. La Habana: Arte y Literatura, 1977.
-El Ruso. La Habana: Letras Cubanas, 1980.
-Toilette. Barcelona: Anagrama, 1993.
-Insolación. Ciudad de México: Diana, 2006.

Cuentos
-Mataperros. Sevilla: Algaida, 2005. (Premio Internacional Cortes de Cádiz).

Crónicas
-Cro-Nicas desde Nicaragua. La Habana: Casa de las Américas, 1981.

Ensayos y textos periodísticos
-La prisa sobre el papel. La Habana: Ciencias Sociales, 1987.
-La quinta nave de los locos. La Habana: Ediciones Unión, 1988. (Premio Nacional de la Crítica).

Traducciones
DEL FRANCÉS AL ESPAÑOL
-A mayor gloria de Dios, de Morgan Sportes (Edhasa, Barcelona, 1994).
-Diario de Nerón, de Alain Darne (Edhasa, Barcelona, 1995).
-Orovida, Yael Guiladi (Edhasa, novelas históricas, Barcelona, 1996).
-Las aventuras de Hadjí Babá de Ispahán, James Morier (Edhasa, novelas históricas, Barcelona, 1997).
-El siglo de Augusto, Pierre Grimal (Fomento de Cultura, Madrid).
-Ayer, Agota Kristof (Edhasa, Barcelona, 1998).
-El tesoro de Morgan, Robert Margerit (Edhasa, Barcelona, 1997).
-El Castillo de los Cárpatos, Julio Verne (Círculo de Lectores, Barcelona, 1997).
-Ana Soror, de Marguerite Yourcenar (Círculo de Lectores, Barcelona, 2000).
-El hombre que plantaba árboles, Jean Giono (Círculo Lectores, Barcelona, 2000).
-El agente de Su Majestad, David Shahar, (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2001).

DEL INGLÉS AL ESPAÑOL
-La Copista del rey Alfonso X El Sabio, Yael Guiladi (Editorial Edhasa, Novelas Históricas, Barcelona, 1998).
-Scaramouche, Rafael Sabatini, (Editorial Círculo de Lectores, Barcelona, 1999).
-Música acuática, de T. Coraghessan Boyle (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999).
-Encierro en Riven Rock, de T. Coraghessan Boyle (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999).
-El impacto de lo nuevo, de Robert Hughes (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2000).
-Tiempo, Amor, Memoria, de Jonathan Weiner, (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2001)
-En busca de la inmortalidad, Jay Olshansky y Bruce Carnes, (Mondadori, Barcelona, 2002).
-El pico del pinzón, de Jonathan Weiner, Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona 2002).
-Palabras Mudas, Camilla Gibb, (Alfaguara, Madrid, 2002).
-Un amigo de la tierra, T. Coraghessan Boyle (edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002).
-Una plegaria por los moribundos, Stewart O’Nan, (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2003).
-Por la boca muere el pez, Robert Hughes, (Edit. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2003).

Manuel Pereira ha firmado diversos prólogos como los que a continuación presentamos:
-Prólogo a la novela “Zenobia, reina de Palmira”, de Bernard Simiot, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.
-Prólogo a la novela “Paradiso” de José Lezama Lima, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.
-Prólogo a “El templo de las ilusiones”, de Pauline Gedge, Círculo de Lectores, Barcelona.
-Prólogo a la novela “Azteca”, de Gary Jennings, Círculo de Lectores, Barcelona, 2000.
-Prólogo a la novela “El amante de Lady Chatterley”, de D.H.Lawrence, Edit. Mondadori, Barcelona, 2001.
-Prólogo a “Memorias de Cleopatra”, de Margaret George, Círculo de Lectores, Barcelona, 2001.
-Prólogo a la novela “De ratones y hombres”, de John Steinbeck. Edit. Mondadori, Barcelona, 2001.
-Prólogo a la novela “A sangre fría”, de Truman Capote, Mondadori, Barcelona, 2001.
-Prólogo a la novela “Agostino”, de Alberto Moravia, Círculo de Lectores, Barcelona, 2001.
-Prólogo a “El honor perdido de Katharina Blum”, de Heinrich Böll, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 2001.
-Prólogo a “Mujer Rota”, de Simone de Beauvoir, Grijalbo-Mondadori, Barcelona, 2001.




LOS MATAPERROS: DOS CUENTOS

Los siguientes dos cuentos escritos por Manuel Pereira, son un regreso al barrio en el que vivió de niño; con esas calles cuarteadas de la Loma del Ángel, esas pequeñas pandillas de niños, como los mataperros, los bitongos y los góticos, en fin, estos relatos cargados de una magia autobiográfica, suceden en los años de la Revolución cubana. Fueron sacados de Mataperros (2005), libro ganador del premio Cortes de Cádiz que otorga el Ayuntamiento de Cádiz. El libro fue publicado por la Editorial Algaida, en la ciudad de Sevilla.


"TEXTURAS"

AQUÍ Y ALLÁ AFLORABAN ADOQUINES MEDIO azulados, saliendo del fondo de la calle, como en un palimpsesto. Adoquines semejantes a gastados caparazones de cangrejos con destellos esmaltados, que en otros tiempos servían de lastre a los barcos que venían de Boston. El resto de la Loma del Ángel estaba asfaltada. A veces esos parches de adoquines semienterrados lanzaban fulgores tornasolados cuando el sol los hería oblícuamente. Eran como iridiscencias de chapapote que él vislumbraba desde su azotea. Pero algo más brillaba allá abajo, como si las estrellas hubieran bajado para titilar en medio de la calle, una calle cuya negrura asfáltica parecía haberse apoderado de la sustancia de la noche. Desde la azotea de Joaquín parecían moneditas de plata, pero él sabía que eran las chapas de refrescos aplastadas por las máquinas, salpicadas aquí y allá, incrustadas en el chapapote como una pedrería de hojalata. Era como si por debajo del pavimento de la loma se deslizara subrepticiamente una serpiente de lapislázuli, o un dragón de dormidas mitologías, irradiando breves chispazos por sus escamas. La Loma del Ángel era una colina a medias adoquinada, a medias asfaltada, siempre ascendiendo, reptando, desde la Comandancia de la Policía hasta la Iglesia del Ángel. Pero la Loma tenía otras texturas en su piel. En la cuadra de los bitongos había una cerrajería cuyo dueño había tenido una genial ocurrencia publicitaria. Un día que pasaba la máquina humeante de asfaltar, el cerrajero salió a la calle y empezó a arrojar al pavimento puñados de llaves de diversas formas, materiales y tamaños. Ese trozo de calle, frente a su negocio, quedó alfombrado con llaves doradas, cobrizas, plateadas, que lanzaban destellos al sol. En vez de colgar en la puerta de su taller el consabido cartel recortado en forma de llave rotulado con la palabra CERRAJERÍA, el hombre había sembrado de llaves la calle confiriéndole esa gracia tan peculiar que la hacía única en la barriada. Cuando Joaquín pasaba por allí, pisaba esas llaves, como si fueran pepitas de oro. De noche, a la luz de la luna, todas esas llavecitas brillando parecían fragmentos de estrellas incrustados en el asfalto. Pero después de la llegada de los barbudos, el cerrajero se fue del país, su local ahora está cerrado y han vuelto a echar chapapote encima de las llaves, una y otra vez, hasta extinguir sus titilaciones. A los pies de la Loma había una talabartería que impregnaba la esquina de los góticos con su olor a cuero mojado. También había a mitad de cuadra una herrería, o quizá era una hojalatería, a lo mejor un taller de carpintería... él no se acordaba muy bien. Adentro rugían tornos y fresadoras, se oía el asmático resuello de los fuelles, todo ello en medio de una sinfonía de martillazos. Las virutas de madera y las limallas tapizaban la acera. Parece que trabajaban de noche allí dentro, porque desde su azotea Joaquín siempre veía unos tenues resplandores. Por el resquicio de la puerta cerrada se veía salir como un polvillo de oro soplado por los duendes.
Pero ya no hay duendes sopladores, ni olor a cuero mojado, ni llavecitas doradas en esa Loma del Ángel cada vez más desangelada.

LA HABANA, 1957
LOS MATAPERROS
En las pocetas del malecón Habanero,
con los mataperros. Manuel Pereira al
centro sacando pecho y enseñando costillas.



"AZOGADOS"

OBSESIONADO CON SU SOLEDAD, A LOS OCHO años más o menos quiso encontrar algún amigo en el espejo. Había estado leyendo una revista de los Rosacruces, según los cuales, si de noche y a la luz de tres velas, uno se miraba fijamente en un espejo, durante más de una hora seguida, podía llegar a ver sus pasadas reencarnaciones reflejadas en la superficie del azogue. Aquello se parecía a los rituales con velas de su abuela gallega, que era medio meiga. Se encerró a oscuras en el cuarto. El primero que brotó de la luna del escaparate fue Leonel, un amigo invisible que se había inventado a lo largo de una niñez silenciosa. Cada dos por tres Coliseo desaparecía durante semanas, así que prácticamente se había criado a solas con su madre, que era sorda, sin nadie con quien hablar. Para colmo, cuando ella salía a la calle a hacerles las pruebas a sus clientas, lo dejaba solo en el cuarto, horas enteras, jugando al solitario. Cansado de la brisca, él prefería entablar diálogos imaginarios con ese Leonel que a veces salía a hurtadillas del espejo. A oscuras, juntó más las tres velas para aumentar la intensidad de sus trémulos destellos. Comprobó con sorpresa que su cuerpo proyectaba dos sombras sobre el suelo. Sólo entonces, tras varias visiones borrosas, del fondo del espejo surgió otro niño que se llamaba Lucio. Y al final, extenuado, creyó ver en la lámina azogada la espeluznante sonrisa de una calavera. Todo eso había pasado hacía mucho tiempo, siendo él muy chiquito. Desde entonces esos dos niños azogados -Lucio y Leonel- lo acompañan.

COMENTARIOS CRÍTICOS

ALEJO CARPENTIER, TRAS LEER LA NOVELA "EL COMANDANTE VENENO", LE ESCRIBIÓ A MANUEL PEREIRA EN UNA CARTA FECHADA EN PARIS EL 12 DE FEBRERO DE 1978:
"Su novela es excelentísima, y debo decirle que me entusiasmó desde las primeras páginas... la idea central y los datos están presentes. Pero se nos van dando, por sí solos, a través de la obra literaria, con toda la poesía de lo insólito y lo 'real maravilloso' de nuestras tierras... Hace usted una literatura esencialmente cubana, pero cuando usa de un localismo propio de un ambiente muy particular, tiene usted el cuidado -y así debe ser- de colocar a continuación una palabra o un adjetivo que explican lo anterior, sin que tengamos que recurrir a un glosario. Sus personajes y usted, hablan "en cubano", pero su cubano es siempre inteligible para un lector situado a distancia. (Acertada manera, esta, de universalizar lo nuestro.)... Es usted un novelista nato. Y esto se advierte muy particularmente en algunos 'trozos de bravura' que tiñen el relato de magia".




JULIO CORTÁZAR, EN JUNIO DE 1978, AL COMENTAR LA NOVELA "EL COMANDANTE VENENO" DE PEREIRA EN EL DIARIO "EL NACIONAL" DE CARACAS, ESCRIBIÓ:
"El libro de Pereira se cumple linealmente como la crónica de una campaña de alfabetización, por encima y por debajo de ella y de una vasta acumulación de elementos antropológicos y sociológicos utilizados sin el menor énfasis, a
diferencia de lo que acarrean otras empresas análogas en Cuba y fuera de ella, surge el gran árbol de la invención y de la fantasía, se afirma la presencia de personajes que abarcan una rica y divertida gama de modalidades, caracteres, conductas, realidades e irrealidades... Para los ojos inocentes del brigadista Joaquín Iznaga, la Sierra y sus moradores se van abriendo en una comedia de magia que, al mismo tiempo, es violentamente real y telúrica y cubana y a tal punto explosiva que los episodios brotan de capítulo en capítulo como otros tantos detonadores que obligan a leer el libro de una sentada".

En 1979, para la edición italiana de "El Comandante Veneno", GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ escribió:
“Esta es la novela que me hubiera gustado escribir sobre Cuba”.


“La trilogía donde Pereira cuenta la historia de ese niño, adolescente, joven, adulto soñador de La Habana que fue y sigue siendo Joaquín Iznaga alcanza en estas 558 páginas de insolación, de exposición, de confesión, una altura ética qué sólo es posible cuando se escribe en y desde la libertad".
Eliseo Alberto (La Crónica, Ciudad de México, 28 de marzo de 2006, sobre "Insolación").


“La buena literatura destila los mayores saberes psicológicos, sociológicos y políticos. En estos cuentos de Pereira, escritos con una de las principales prosas del actual idioma español, La Habana Vieja posa de cuerpo completo. Vale agregar: desnuda”. “La Habana Vieja es el tópico principal de la literatura del período castrista.[…]Uno de los fundadores de ese canon es Manuel Pereira”.
Reynaldo, Andrés (El Nuevo Herald, 11 de Febrero del 2007, sobre "Mataperros").

Lista de obras citadas
Pereira, Manuel. Mataperros. Sevilla: Algaida, 2005.
---. Datos proporcionados por el escritor. Ciudad de México, 2008.
Reynaldo, Andrés. “Mataperros: La Habana de cuerpo completo”. El nuevo Herald. 9 de marzo del 2008. 12 de marzo de 2008 http://www.elnuevoherald.com/173/story/171429.html.