enero 25, 2018

La eterna guerra de la mediocridad contra el talento


LA ETERNA GUERRA DE LA MEDIOCRIDAD CONTRA EL TALENTO
Por Manuel Pereira

¿Quién es Anders Osterling? ¿Ustedes lo conocen? Yo tampoco. 

Wikipedia le dedica una línea y media en inglés. Según esa fuente fue un poeta y escritor sueco (1884 – 1981).
Wiki no enumera ni cantidad de obras, ni géneros cultivados, ni los títulos de sus supuestos libros que imagino flaquitos y sin lomo. Evidentemente no era un escritor tenaz, ni un artista consumado. Eso sí, era un académico de pura cepa. En 1919 entró en la Academia Sueca y desde entonces ya no salió de allí.
Pues resulta que este señor Osterling fue el culpable de que a Jorge Luis Borges no le dieran el Premio Nobel en 1967.
Esa noticia se supo hoy, pues fue ahora (! Medio siglo después¡) que desclasificaron el informe secreto de esa Academia tan sospechosa, ya que siendo literaria o cultural se comporta como el Pentágono escondiendo planos de armas secretas durante cinco décadas. 
¡No sabía yo que los libros pudieran ser bombas atómicas! Y ahora que lo pienso mejor... ciertamente el libro de alguien con talento puede ser -y de hecho es- la bomba atómica para los escritores mediocres!
No obstante, hay que decir que de todos los bodrios que seguramente escribió Anders Osterling quedan para la inmortalidad estas palabras sobre Borges: «demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura».
¡Vaya... pareciera que le está perdonando la vida al argentino!
Con tan solo diez palabras este señor académico -sin duda plúmbeo y tedioso en las aulas o en conferencias llenas de bostezos- expulsó del Valhalla escandinavo a un autor con más de veinte libros inmortales en su haber. 
Con tan solo diez palabras garabateadas en un informe secreto este académico envanecido intentó eliminar de un plumazo una obra monumental que es uno de los tesoros estéticos y espirituales de la Humanidad.
Y si eso ocurre en Suecia... ¿qué no pasará en el resto de países en ámbitos literarios, académicos, culturales...?
Finalmente -y siempre- Borges ha triunfado. Porque no era la famosa Academia la que hubiera prestigiado a Borges con un premio, sino al revés, hubiera sido Borges con su solo nombre quien habría prestigiado mil veces a la Academia. 
Pero ¿qué le vamos a hacer? En esta vida y en la otra, cada quien carga con el descrédito literario que se merece. Esto es válido no sólo para individuos, también para organizaciones, jurados, etc...
En mi opinión, la Academia Sueca desde entonces se desprestigió para siempre.
Salvo honrosas excepciones -que no hacen más que confirmar la regla- yo no me dejo seducir a primera vista por ningún Premio Nobel. Considero que es perder el tiempo, y el dinero, además de contribuir al "renombre" de una institución bastante mentirosa, que politiza la belleza, demasiado escorada a la izquierda, o sea fanática, pues sólo sabe ver el mundo de las letras con un solo ojo. Los que no opinan en política como ellos, no cuentan, no existen. 
Todo lo que publiquen esos suecos está bajo permanente sospecha, y en todo caso hay que escudriñarlo con lupa, pues sus miembros ni siquiera han tenido la decencia de pedir disculpas por lo que hicieron con Borges en 1967. Al menos no lo han hecho, que yo sepa, hasta el momento en que escribo esta nota... 
10 enero 2018: Borges -desde el Más Allá y con elegante amabilidad- le ha enviado un regalito de Reyes a su gran enemigo Anders Osterling. Acaba de obsequiarle 24 horas de "fama". Lo ha sacado -al menos por un día- del eterno olvido que se labró y que se merece. 
Mañana, o pasado mañana, el fantasma anodino del señor Osterling volverá al noveno círculo del Infierno de la Literatura, que es adonde pertenece. 
En cambio, Borges seguirá siendo leído en todo el mundo cada día más y más por millones de lectores... y así hasta la eternidad.
Eso se llama Justicia Poética.

México, 10 enero 2018.

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