MATAPERROS
UNA CONVERSACIÓN CON
MANUEL PEREIRA
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Carlos Olivares Baró entrevistando a Manuel Pereira. |
Manuel Leonel Pereira Quinteiro (La Habana, 1948) es un viajero literario incansable. Peregrinación que asume en los riesgos de una escritura que se abalanza sobre las rendijas de la reminiscencia para entregarnos un cosmos desbordado de insólitas trasnominaciones iconográficas. El Comandante Veneno (1977), exploración
por la aventura de la campaña de alfabetización en la Sierra Maestra de
Cuba, 1961 (“Esta es la novela que me hubiera gustado escribir sobre
Cuba”, dijo sobre ella Gabriel García Márquez); El Ruso (1980), ronda, revisión política, que se convierte en una suerte de indagación de los entusiasmos juveniles que despertó la revolución de Fidel Castro; Toilette (1993), periplo, marcha alucinada y extravagante en busca de un retrete que se vislumbra en El Jardín de las delicias de El Bosco; Insolación (2006), itinerario de la tragedia cotidiana —desvalorización humana y moral
de la Cuba castrista— que desemboca en el periodo especial desde la
mirada del joven Joaquín Iznaga que se niega a aceptar una beca del
Comandante. Cuatro novelas de pujas autobiográficas que son viaticu, camino, andanzas: testimonio de las mutaciones y acosos padecidos por varias generaciones de cubanos.
Pereira
es un novelista de casta. Desde los años 70 se empeñó en un proyecto
narrativo de absoluto rigor. Nunca olvido sus premuras y afanes, su
disciplina. “La literatura es un destino, una encrucijada, un derrotero.
Aquí te entrego El Ruso, pero esto no termina. Ya tengo la que sigue, El 231,
en la que trataré el tema del servicio militar y así completar una
tetralogía que cuenta hasta cierto punto, mi formación, un poco de mi
vida, mis avatares…”, me dijo en conversación que mantuvimos mientras caminábamos por San Juan de Dios, La Habana Vieja, hace muchos años.
Un viejo viaje
(Textofilia Ediciones, México, 2010) —muy bien acogida por los lectores
y la crítica en México (“Esta novela recoloca a Pereira en donde
siempre debió estar: en la vanguardia de la literatura latinoamericana
contemporánea”, Eliseo Alberto)—, aborda las encrucijadas del alucinado protagonista de Toilette,
el pintor Lucio Gaitán, quien reaparece “extraviado entre la selva y el
zoológico”, en el vestíbulo del aeropuerto de Barajas: “bolsa salchicha
en bandolera y dos maletas abultadas como cadáveres inflados de fuegos
fatuos”. Después de transitar por comarcas demoníacas y placenteras —y
en fuga fantasmagórica: entradas y salidas del tríptico de El Bosco—,
Lucio Gaitán se enfrenta a la disyuntiva de “si debía o no subir el
avión de regreso a La Habana”.
“Pertenezco a una generación muy
acusada. Me interesa el carácter, la sicología de esa generación… la
fase utopista, sueño e idealismo, Unión Soviética y periodo especial: el
proceso cubano es mi tema; siempre estoy escribiendo sobre eso”, ha
dicho muchas veces el autor de Biografía de un desayuno (2008).
Acaba de aparecer en México la segunda edición de su libro Mataperros
(Textofilia, 2012), cuentario galardonado en 2006 con el Premio
Iberoamericano de relatos Cortes de Cádiz, España. Lo busqué en las
rutas del Instituto Cultural Helénico de la capital mexicana —donde se
desempeña como Director de Difusión Cultural y Relaciones Públicas— y la
Universidad Iberoamericana, lugar en el que imparte clases de historia
del arte y literatura. Siempre posponíamos la entrevista por sus tareas de funcionario o por faenas docentes impostergables. Una tarde
lo encontré en la librería Bella Época del Fondo de Cultura Económica
del D.F., hablando de mitología y cine, dos pasiones que también cultiva
con desvelo: François Truffaut, Alain Resnais, Godard, Chabrol, Glauber
Rocha, el neorrealismo italiano, Bergman, Fellini y Buñuel se
empalmaban con pasajes de Proserpina, las Moiras, Narciso, Sísifo, las
Gorgonas y Hades. Pongo a disposición de los lectores de CUBAENCUENTRO
la conversación que, al fin, pude sostener con él.
Veo en Mataperros visos enmascarados de novela en la modulación
del narrador en tercera persona (estilo indirecto flaubertiano), en la
confluencia de los personajes, en los escenarios concurrentes, en la
intermitencia temática… El lector cierra la última página con las
huellas que impregna una novela, no un libro de cuentos. Coméntame esa duplicidad genérica presente en este libro.
Manuel Pereira (MP): Ya desde La Celestina
los géneros se están mezclando. La técnica inventada por el gran
Flaubert me permite una gran libertad, casi jazzística, para ir
combinando, improvisando y creando lo que llamas “duplicidad genérica”.
Por otra parte, estos cuentos se desprendieron de una larga novela
titulada Insolación. A medida que yo la trabajaba, iba quitando
lo que consideraba accesorio. Más tarde, revisé ese material sobrante, y
ya lo iba a desechar cuando, de pronto, descubrí que aquí y allá
fulguraban en bruto algunas perlas narrativas. Las retoqué y con ellas
engarcé los abalorios de Mataperros. Estos cuentos son como diminutos planetas que giran alrededor de ese inmenso sol que es Insolación. Por eso tu olfato literario te dice que en este libro hay una “novela enmascarada”.
El voceo
relator recurre a la gradación de la crónica y a las especulaciones del
ensayo. Estamos en presencia de un texto que rompe contantemente con
los cánones: suerte de collage, presentación de un cosmos que es índice
iconográfico de La Habana pre castrista y, asimismo, de los primeros
años de la Revolución del 59. Explícame esa concepción del manejo del tempo, develada en el ánimo del relator. (No tienen las mismas inflexiones el habla elocutiva de las narraciones de antes del 59 que las historias que ocurren en los primeros años de la Revolución.)
MP:
Ese cambio de tono se debe a la drástica transformación experimentada
por el país después de 1959. La mirada del narrador-cronista se vuelve
más crítica a partir de esa fecha, mientras que antes del 59, la dicha y
el candor infantil todavía impregnaban su voz. Mataperros es
un díptico que funciona como una doble bisagra, ya que la acción
transcurre en dos momentos de transición. Por un lado, asistimos al
tránsito de la niñez a la adolescencia y, por otro, presenciamos el
final de la dictadura de Batista y el inicio de la castrista.
Folios
marcados por la nostalgia. Narrador omnisciente: testigo que pondera
los gestos y desconciertos de Joaquín Iznaga frente a su padre, Coliseo,
fotógrafo-camarero. Fábula que subraya algunos elementos de la novela de formación sentimental
desde apuntes de las antagonías ideológicas que se producirán en el
seno de la familia cubana en los 60, retratadas en las peleas de Coliseo
y Numancia (madre de Joaquín). Podría abundar un poco sobre esa
problemática presente en la familia cubana.
MP: Desgraciadamente ese agón
en la familia cubana no ha terminado. Lo peor que nos ha sucedido en
los últimos cincuenta años ha sido la división o la separación familiar.
Todo lo demás se podrá arreglar más tarde o más temprano, pero la
tragedia familiar, ya no tiene remedio. Todas esas tumbas alejadas en
las dos orillas del estrecho de la Florida, el cementerio marino que se
extiende entre Cayo Hueso y Cuba… es algo irreparable. Todos esos
muertos separados, que quisieran reposar juntos en la misma tierra que
los vio nacer, tienen la metempsicosis trastornada. A veces imagino un
futuro tráfago de huesos en barcos y aviones hacia Cuba. Con todas las
lágrimas derramadas por los cubanos durante medio siglo podría
fabricarse un océano tan abrumador que si hubiera un tsunami no quedaría
nada vivo en la faz de la Tierra.
Recreación del habla habanera:
“perforo cortante”, “guapería”, “fajazones”, “bayúes”, “estrallón”,
“chivichana”, “cabillazo”, “jabao”, “garnatones”, “bayoya”, “postilla”,
“sopapos”, “matahambres”, “bemba” “guillados”, “tropelaje”,
“voysinfreno”, “guagüita”, “bulla”, “pingúo”, “mandangas”, “guayabito”,
“vitrola”, “tizón”, “macao”, “galleguismo”, “azuquita”, “entalcados”…:
erizado inventario de términos, idiolecto muy exclusivo. ¿El habla como
consonancia y urdimbre (maniobra) para hacer literatura?
MP:
A pesar de haber vivido tanto tiempo en Francia, en España y ahora en
México, mi lenguaje sigue siendo ciento por ciento habanero. La lengua
es nuestro pneuma, un arcano que se adquiere o se desarrolla en
la niñez. Dado que los protagonistas de este libro son niños,
lógicamente ese tesoro lexical que enumeras recorre como un soplo de
susurros estas páginas.
¿Mataperros o el preludio, la proporción futura de El comandante veneno (1977), El Ruso (1980), Toilette (1993), Insolación (2006)…?
MP:
A medida que mi obra evoluciona percibo, cada vez con mayor claridad,
que estoy levantando —ladrillo tras ladrillo— un único edificio
narrativo, una catedral de la memoria habitada por tres personajes
recurrentes: Joaquín, Lucio y Leonel.
Creo que si hacemos una ordenación de tu obra, Mataperros sería tu primer libro, a pesar de haberse publicado en 2006 a raíz del Premio en Cádiz ese año. ¿Mataperros estaba en tu cabeza antes de El Comandante Veneno o fue forjado después de tus novelas?
MP: En mi cabeza lo primero que surgió en 1972 fue El comandante Veneno,
una narración que salió casi entera de mi “Diario de Campaña de
Alfabetizador”, un cuaderno que siempre me acompaña y que consta de 98
páginas escritas a lápiz por mí a los doce años. Ese Diario contiene en
potencia todo mi quehacer literario, no solo lo hasta ahora publicado,
sino también lo que me falta por escribir. A partir de esos garabatos
infantiles mi obra se ha ido expandiendo en una especie de Big Bang…
Hay
una viñeta, “Azogados” —me parece uno de los momentos más hermosos del
libro— de corte totalmente borgesiano y ciertos guiños con Felisberto
Hernández. Un pequeño poema en prosa: suerte de pausa íntima del
personaje central de estos capítulos (cuentos) de una novela triste y
alborozada. ¿Contrapunto en las aristas estructurales de una pieza de
jazz en tiempo de bebop?
MP: Me alegra
mucho que hayas captado la secreta estructura musical de este libro. Por
si fuera poco, también descubriste el cuento clave de esta colección de
relatos. “Azogados” es el punto matemático cero, es esa
singularidad que desencadena el Big Bang. Paradójicamente ese cuento fue
escrito mucho después de mis primeras ficciones publicadas, lo cual no
tiene mayor importancia, porque en esta poética cuántica el orden de los
factores no altera el producto y la flecha del tiempo puede volar al
revés, o quedarse detenida en el aire, como en una aporía eleática.
Narrador
de voz múltiple que hace las crónicas de las “Espaldas entalcadas”,
“Perforo cortante”, “Crónica roja” o “Despaisajado”… ¿Recreación
estilística del Manuel Pereira de Cró-nicas (1981)?
MP: No había reparado en esa correspondencia con Cró-Nicas.
Me dejas pensando. Aquel fue un libro escrito de prisa, en tono de
crónica o reportaje. Lo que pasa es que con tanta censura en la prensa,
algunos hacíamos un periodismo poético. En efecto, puede que los cuentos
de Mataperros transmitan algo de esa urgencia casi
telegráfica, aunque destilados en un registro más literario, alejados de
la efímera inmediatez que impone el oficio informativo.
Guillermo
Cabrera Infante hizo la crónica de La Habana: bolero, pachanga, luces,
cabaret, salas de cine, las guaguas, padre, lentejuelas, soliloquio, el
parque central, santería, solares, el mundo de los músicos populares,
perorata de la gente común… Tú, sin embargo, has realizado el
itinerario, el memorándum, de un microcosmos impar en el que un grupo de
muchachos actúa y testifica fajazones, burlas, improntas
revolucionarias, aparición de barbudos, toques de tambores, formación de
milicianos, jolgorio y carnaval. Veo ciertas trasnominaciones en los
ecos de Mataperros con Tres triste tigres y La Habana para un infante difunto. ¿Qué piensas de mi lectura, estás de acuerdo?
MP: La novela de Cabrera Infante que más me impactó fue La Habana para un infante difunto, principalmente por
sus recreaciones de los solares de un barrio colindante con el mío.
Entre él y yo había una diferencia generacional de veinte años, por eso
no conocí mucho el mundo nocturno descrito en TTT, si acaso asistí a sus
últimos coletazos. Sin embargo, es posible que existan esos ecos que tú
barruntas. Los caminos de la genética literaria son inescrutables.
Niños
bitongos, niños góticos y mataperros… Blanquitos y negritos.
Pandilleros y matarifes. Tierno/práctico (Coliseo);
gallega/gótica/sorda/costurera/tierna (Numancia); guapetón/protector (El
Chama); pícaros/vividores… ¿Disección metafórica del entramado social
de la Cuba Republicana?
MP: Por
supuesto, todo ese desfile de personajes constituye una biopsia del
tejido social y económico de La Habana de aquel tiempo. Creo que ese
mismo tejido ya está reapareciendo en estos momentos y se impondrá en
los próximos cinco años con la fuerza impetuosa de un atavismo.
¿No te parece que el último relato, “No todo lo que brilla es oro”, sobra?
MP: Tienes razón. Ese
relato no figuraba en la versión original (edición española) de este
libro, pero a mi editor mexicano le gustó mucho y me pidió incluirlo, a
guisa de coda, en un contexto epocal algo posterior. Decidí complacerlo.
Ironía, añoranza, procacidad, venturas y ensueños infantiles en una novela embozada como cuentario, que mucho le debe a la picaresca española (El Buscón, Lazarillo, Guzman de Alfarache…). ¿En la narrativa cubana contemporánea están ausentes esos tonos? ¿Qué piensas al respecto?
MP:
No conozco suficientemente a fondo la narrativa cubana actual como para
expresar una opinión seria. Pero me parece que siendo Cuba tan hija de
España (para bien y para mal), la picaresca es una herencia inevitable.
Durante las etapas del Realismo Socialista (o literatura “comprometida”)
que padecimos en las décadas 70-80, la picaresca casi desapareció en
las letras cubanas. Se pusieron de moda las novelas con temas fabriles
de corte más o menos soviético, libros dedicados a la Zafra de los Diez
Millones, novelas policíacas o de espías… En El comandante Veneno
yo intenté revivir la picaresca a través del tratamiento desenfadado e
irreverente del asunto y de los personajes, razón por la cual me busqué
más de un problema con altos oficiales del ejército y con funcionarios
del Instituto Cubano del Libro. Muchos ignoran que a esa novela le
arrebataron un premio, fue acusada públicamente de “pornográfica” y
estuvo tres años y medio engavetada en una oficina del MINFAR.
La
escritura como obsesión, destino, acabamiento, azar recurrente. ¿Qué
proyecto tiene en la cabeza el incansable Manuel Pereira?
MP:
Hace una semana terminé un libro de ensayos que espero publicar este
año. El ensayo es un género que cada día me interesa más, porque
moviliza ideas obligando al lector a pensar, a ser más inteligente, que
es lo que hace falta en esta época de tanta indigencia intelectual. Por
lo demás, hace tres días retomé una novela en barbecho —llevaba dos años
estancada— y ahora avanza viento en popa.
Comenzamos a las 6 de
la tarde y terminamos a las 10 de la noche. Una luna redonda, inmensa
—ojo de azogue en el cielo—, se entrometió en la charla: salimos a
mirarla. Pereira seguía hablando: desbocado, temperamental, labia febril
arrolladora… Me dedicó Mataperros y me dijo: “Si te vas a
referir a la foto de portada, te informo que la tiró mi padre en 1957 en
el litoral rocoso del malecón habanero. Aparezco yo —tercero al frente,
sacando pecho y enseñando costillas— con mis amigos mataperros
bañándome en una poceta”.
(*) Publicado en el diario digital Cubaencuentro el 1 de junio del 2012.
Publicada también en la revista SIEMPRE del 17 de junio del 2012.
Publicada también en la revista SIEMPRE del 17 de junio del 2012.
Sólo digo: muy bien!!! así con admiración por ambos: Carlitos y sus pasiones literarias y musicales; y Pereira, incansable.
ResponderEliminarse ve que no leen, ya por el titulo juzgan, lean esta excelente entrevista y juzguen después; es una pena nuestras ansias por descalificar. Una de las mejores entrevistas que se han publicado en este portal, por supuesto el oficio de Olivares Barò y la elocuencia de un novelista fundamental de la literatura cubana, Manuel Pereira. Mònica
ResponderEliminarLo peor es el costo del bloqueo genocida contra el pueblo cubano con una afectacion de 978,000 millones de dolares, violandose los derechos humanos elementales del pueblo cubano, las 3.478 personas muertas por agresiones provenientes desde EE.UU, asi como la integridad física ilícitamente quebrantada de 2.099 personas. Todo esto sin ningun derecho que lo ampare, es decir es todo ilegal.
ResponderEliminarNo existe bloqueo, pues usted repite lo mismo que dice el gobierno cubano. Cuando estuve en Cuba en el año 2000, me conto la dueña de la casa donde pare que en Cuba no existe tal bloqueo, mas bien la falta de divisas por parte del gobierno cubano para comprar lo que quiere. Pues alli la Coca Cola traida de Mexico y vendida en el aeropuerto, insulina traida de Dinamarca. Si fuera asi, en Miami no habria NINGUNA agencia enviando paquetes a Cuba, ni la gente cargando con equipos electronicos para sus familiares.
ResponderEliminarAlberto disculpe que se lo diga documentase mejor, le dejo un link lealo por favor http://www.cubaminrex.cu/Infor...
ResponderEliminarL>O peor fue la reforma Agraria, y el cruce de Ganado,? Donde esta la leche la Carne, las frutas, y todo lo demas.
ResponderEliminarMe alegra, y mucho, la obra de Pereira se inserte exitosamente en el ambito de la narrativa Latinoamericana. ojala algun dia su obra sea reconocida -como se merece- en su patria natal....Tengamos fe, que todo llega....
ResponderEliminarIvan Canas
Y los crimenes?, no fueron tan malos? Cuantos simplemente les fusilaron a sus familiares? O les hundieron la balsa o el remolcador en que pretendia abdicar del paraiso kaxtrante
ResponderEliminarEso forma parte de la separación familiar.
ResponderEliminarHace poco lei Mataperros me parecio costumbrista y florklorica, divertida y literaria. En su genero: buenisima. La recomiendo
ResponderEliminarHistoria pintoresca y triste pero con chispa que une el pasado y el presente y que nos hace elegir entre dos males escogiendo el menor. Buena literature donde se describe la indocincracia de un pueblo en decadencia pero donde puede sorpresivamente resurgir la esperanza prenada de absurdos envueltos en gran comicidad sin abandoner una cruel realidad.Donde se manifiesta que las revoluciones del siglo XX solo trajeron miserias y que las caricaturas de estas de comienzos del presente XXI traen,(usando lenguaje prestado del cuento), la misma mierda.
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